Llegó el fin y la historia acabó antes de lo que podía imaginarse. Londres ya no tendrá un sol dorado para Uruguay. Ni una luna de plata o una estatua de bronce. Murieron las ilusiones demasiado rápido.
PROBLEMAS. Gran Bretaña, sin ser nada del otro mundo, simplemente con el orden táctico, la velocidad de sus extremos y más agresividad que los celestes, terminó de empujar a Uruguay hacia la puerta de salida.
Y si se salió por el costado, en lugar de tener el privilegio de hacerlo por el pabellón central, fue porque a la Celeste le volvieron a generar problemas por las bandas y porque una vez más se empezó corriendo el partido en lugar de manejarlo. Lo peor estuvo en los 45` iniciales, donde jamás se encontró la vuelta para tener la pelota, para frenar los embates de Craig Bellamy o para cerrarle los caminos a Joe Allen.
Con más movilidad en el medio, con mayor seguridad en los pases, Gran Bretaña jugó el partido que más quería y Uruguay lo peleó como pudo.
